Rayadura de limón

Rayadura de limón
Por Cristina Pacheco
Herminia escucha un claxon insistente y se vuelve hacia la fila de automóviles que esperan el cambio en el semáforo. Mamá: ¿qué andas haciendo?, le pregunta Raquel desde la ventanilla de un City. Los conductores la presionan para que circule, ella tiene que ceder y despedirse a gritos: Nos vemos en la noche, mamá.

Herminia no recordaba que sus hijos irían a cenar. Lamenta haberlos invitado, pero enseguida recapacita: quizá sea mejor que la familia se reúna esa noche y no que ella y Alfonso, su marido, estén a solas. En grupo todo será más fácil: la conversación saltará de un tema a otro, mientras ella va a la cocina y vuelve al comedor con el pan o el platón de ensalada que se ha convertido en su especialidad. La primera vez que la sirvió Elisa, su primogénita, quiso saber qué le ponía para que le saliera tan rica. Después del aderezo le agrego rayadura de limón congelado. Eso le da un toque muy especial, respondió orgullosa.

II

Herminia pasa frente a un sitio de taxis pero no se detiene. Caminará otro poco. Necesita tiempo para pensar qué dirá en la noche, cuando Raquel cuente que esa tarde se la encontró caminando por Pilares. No son sus rumbos. Todos querrán saber qué andaba haciendo por allí. El único que de seguro no le preguntará nada es Alfonso; pero si él llega a interrogarla, ¿qué le dirá? No se le ocurre nada.

Se detiene y marca un número en su celular. Sonríe cuando escucha la voz cálida de Ismael: Mujer, ¡qué linda sorpresa! Olvidaste tus lentes. ¿Es por eso que llamas? Herminia se apresura a narrarle el encuentro con su hija, a confesarle sus temores para la reunión de la noche y a pedirle consejo: quiere que Ismael vea cuánto lo necesita.

Él la tranquiliza y en segundos urde la excusa perfecta: “Cuando te lo pregunten dices que viniste a Pilares a consultar a un podólogo, pero que no lo encontraste porque –según te explicaron en la farmacia– cerró el consultorio por la próxima demolición del edificio. ¿No te parece creíble, Mimí?”

A Herminia le gusta que él la llame Mimí. Imagina sus labios. Eso la impulsa a elogiar su capacidad de inventiva y sus otras habilidades. ¿Como cuáles? La pregunta de Ismael la emociona. En un tono más íntimo le promete que en la noche servirá la ensalada que él le enseñó a preparar: Así sentiré que me acompañas. Corta la comunicación y se cubre la boca, sorprendida de lo que acaba de decirle a su amante. Corrige: A Ismael.

III

En la reunión todo va sucediendo como Herminia imaginó: su nuera, Cinthia, se queja del precio del aguacate y los limones. Pedro la interrumpe para decir que necesita cambiar de coche. Raquel se ofrece a venderle el suyo porque está harta de los policías arbitrarios y los inmovilizadores. Un tema la lleva a otro y menciona el encuentro con su madre en la calle de Pilares. Y había un tráfico, dice Herminia levantándose para ir por la ensalada con rayadura de limón. Toma una brizna, la saborea y ríe.

¿Qué te hace tanta gracia, mamá? Es Pedro que entra a la cocina para buscar otra cerveza. Desde la sala Elisa pregunta si hay agua mineral en el refrigerador. Herminia se excusa por no haber comprado y dice que Pedro irá a la tienda. Su marido se aparece y toma la bolsa biodegradable: No. Yo iré por las aguas. Me hace bien caminar. A esta edad la digestión se complica y hay que darle su ayudadita.

IV

En cuanto su suegro cierra la puerta, Rogelio exclama: ¿De cuándo acá el viejo se ha vuelto tan servicial? ¡Fue a la tienda.A lo mejor salió para hablarle por teléfono a una novia, dice Pedro observando malicioso a su madre. Cinthia lo reprende: Ay, mi amor, no le hagas bromas pesadas a tu mami. Pedro la corrige: No estoy bromeando, sólo me referí a una posibilidad. Raquel interviene molesta: Piensa en la edad que tiene nuestro padre, así que no inventes.Pedro se apresura a rebatirla: No creas que hablo por hablar. Sé lo que digo: en una encuesta se demostró que las personas que cometen el mayor número de infidelidades son las que tienen entre 60 y 80 años.

Todos ríen. Rosendo se acaricia la bar­ba: Suena lógico: de entrada no despiertan sospechas ni tienen peligro de embarazo. Elisa, su mujer, sugiere cambio de tema. ¿Por qué?Ay, mi vida: estás preocupando a tu madre.

Por primera vez durante la cena Herminia toma la palabra: No, para nada. Me quedé pensando en que con el tiempo las personas cambian de hábitos y de gustos. Yo aborrecía las ensaladas y ahora me encanta comerlas con rayadura de limón. Se interrumpe al ver que Alfonso reaparece sin las aguas minerales. Al sentirse observado, él se explica: Olvidé mi cartera. Mi amigo Alzheimer me hizo otra mala pasada. No tardo.

Herminia piensa que la justificación de su marido es el tipo de excusas que inventa Ismael para verla. Se pregunta si Alfonso tendrá una amante. ¿Por qué no? Ambos son de la misma edad y sin embargo ella tiene encuentros clandestinos con un hombre que la hace feliz y la llama Mimí.

La Jornada

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