El renunciamiento de Eva Perón a la candidatura a vicepresidente

El renunciamiento de Eva Perón a la candidatura a vicepresidente

A 65 años del Cabildo Abierto del Justicialismo, analizamos la construcción de la candidatura de Eva Perón, su relación con la CGT, el Partido Peronista Femenino y el posterior “renunciamiento histórico”.

Por Lorena Rebella y Soledad Domenichetti

Los hechos

El 22 de agosto de 1951 se desarrolla el Cabildo Abierto del Justicialismo organizado por la CGT con delegaciones de todo el país. Desde temprano una multitud va llegando a 9 de Julio y Belgrano, donde se ubica el entonces Ministerio de Obras Públicas y se levanta el palco con imágenes de Perón y Evita. Enormes columnas obreras con sus banderas lo van colmando. El 2 de agosto la CGT ya había adelantado qué integrante quería para la fórmula que acompañase a Perón en las elecciones próximas de noviembre y ahora convocaba a este Cabildo Abierto para anunciarla. Desde el palco un enorme cartel junto a las imágenes del matrimonio que en su propia composición supo sintetizar simbólicamente la alianza de los estratos populares y el Estado capitalista que representó el peronismo, decía: “Perón-Eva Perón: la fórmula de la Patria”. Durante su desarrollo las masas vitorean a Eva como su candidata a la vicepresidencia. A pesar de sus expectativas no reciben un sí.

En el palco se ubican Perón, algunos funcionarios y representantes de la CGT encabezados por José Espejo, hombre muy ligado a Perón y titular de la CGT. Cuando llega Eva, la multitud la recibe con una enorme ovación. Espejo les pide a Perón y a Eva que acepten sus respectivas candidaturas para las próximas elecciones. Eva toma la palabra y plantea que los allí presentes quieren que Perón siga “dirigiendo los destinos de la Patria”, a lo que las masas responden “¡Con Evita! ¡Con Evita!”. Espejo presiona: “Compañeros, la compañera Evita nos pide dos horas de espera. Nosotros esperaremos aquí su resolución. No nos moveremos hasta que no nos dé una respuesta favorable a los deseos del pueblo trabajador”. Eva vacila, y finalmente dice: “Compañeros, como dijo el General Perón, yo haré lo que diga el pueblo”. 9 días después, el 31 de agosto, por cadena nacional, Eva hará oficial el renunciamiento a su candidatura: “Quiero comunicar al pueblo argentino mi decisión irrevocable y definitiva de renunciar al honor con que los trabajadores y el pueblo de mi patria quisieron honrarme” (1).

Eva: su candidatura. Los sindicatos, el Partido Peronista Femenino y la confrontación con la oligarquía

Luego de que Perón asumiera la presidencia en 1946, Eva comienza a recorrer fábricas y lugares de trabajo. Atiende personalmente una enorme cantidad de delegaciones, y poco a poco va insertándose en la estructura de poder peronista no solo desde la Fundación Eva Perón, sino desde su relación con los trabajadores en los propios lugares de trabajo. Se convierte así en un nexo más directo entre éstos y Perón, lo que le permite al General fortalecer la relación con la clase obrera sin depender tanto de la CGT y los líderes provenientes del laborismo, recientemente disuelto, que pretendían una mayor independencia entre la Central y el Gobierno.

La construcción de Eva Duarte como “segunda cabeza” del gobierno estuvo relacionada con mantener una relación estrecha con los sindicatos y el trabajo con el sector más empobrecido de los trabajadores a través de la Fundación. Con sus fondos, especialmente después de 1950, cuando las dificultades económicas comenzaron a sentirse, a diferencia de la propia CGT, era la única con fondos para inaugurar hospitales, hogares-escuelas u hoteles. El perfil político de Eva estuvo mucho más mediado que el de Perón por la confrontación con los sectores oligárquicos. Fue el símbolo de un nacionalismo burgués combativo, de un peronismo plebeyo y antioligárquico, que supo usar el odio de clases que le profesara la oligarquía para fortalecer su espacio y el de Perón con los sectores populares referenciados en él.

Eva organiza el Partido Peronista Femenino, a partir de 1949 y logra fortalecer la base política y social del movimiento al incorporar a las mujeres y preparar su participación en las elecciones de 1951, en las que votarían por primera vez. Eva solo apoya la idea del voto femenino al final de la última etapa, cuando la medida está avalada por el Gobierno y por el contexto internacional, y no tenía oposición abierta desde las esferas de poder. Su política no fue hacía las mujeres en general, sino a “las mujeres peronistas”, amas de casa peronistas, esposas, hijas y novias de peronistas, en el contexto de fortalecer al movimiento.

El Renunciamiento histórico

Para pensar el momento del renunciamiento debemos tomar en cuenta las propias contradicciones de un régimen nacionalista burgués tejido sobre intereses de clase opuestos y una clase obrera muy poderosa y que empiezan a crujir no bien aparecen los síntomas del deterioro en la economía, un nuevo marco internacional y la ofensiva de los EEUU sobre el país, las luchas de poder entre las fracciones de ese mismo régimen que comienzan a desarrollarse y la propia lucha de clases, claro. Algunos de los elementos que van a definir el giro a derecha del segundo gobierno peronista (la inversión del rol del IAPI a partir de subvencionar al sector agrario, el congelamiento de los salarios y el del acuerdo con la Standard Oil para que la empresa yanqui explote una extensa área del sur argentino), pueden verse ya prefigurados en el símbolo del renunciamiento histórico.

Hubo huelgas ferroviarias a finales del 50 y principios del 51, por reclamos salariales que no lograron ser levantadas aún declaradas ilegales por Perón (” El que vaya a trabajar, estará movilizado, y el que no vaya será procesado e irá a los cuarteles para ser juzgado por la justicia militar, de acuerdo con el código de justicia militar”, fue la sentencia del General); unos meses después del Renunciamiento se hacen visibles los roces entre otra de las patas del régimen, las FFAA, y ocurre un levantamiento de una fracción vinculada al Ejército, la Marina y la Aeronáutica al mando del general retirado Benjamín Menéndez y el capitán Lanusse, que es rápidamente aplastado.

La antesala a un viraje a derecha hacia el segundo mandato

Para el 11 de noviembre de 1951 estaban convocadas las elecciones presidenciales y era urgente para el peronismo lanzar su fórmula, era necesario responder a la disputa que se estaba empezando a vislumbrar al interior del régimen entre las FFAA y el Estado por un lado y los sindicatos y la CGT, por el otro. Había que definir sobre qué pilar iría a apoyarse más Perón en su segundo mandato. El poder político de los sindicatos y la CGT había crecido notablemente en estos 7 años. A partir de febrero de 1946, dirigentes y militantes sindicales habían pasado a ocupar importantes funciones públicas y en 1950 ocurría la integración orgánica de la CGT al movimiento como tercera rama. Durante la administración de Espejo como titular de la CGT (desde 1947 a 1952) esta contaba con 707 organizaciones adheridas, 92 delegaciones regionales y 167 organizaciones con representación en el Comité Central Confederal. Si Eva era la expresión del protagonismo de los trabajadores y el pueblo pobre en el proyecto burgués de Perón, también sería para el poder de los sindicatos y la CGT la mejor candidatura para estar representados. Pero una cosa tenía que quedar clara, y era que el General no daría espacios de juego propio a los sindicatos y la CGT, incluso adviniendo los elementos que se harían notorios en el escenario que llevó al giro a derecha en su segundo mandato. Una decisión así podría incluso dar aire al desarrollo de sectores del movimiento independientes de la burocracia sindical ni bien vayan cambiado las condiciones. Un año después del Renunciamiento, Espejo era desplazado de la dirección de la Central.

El renunciamiento, histórico en tanto nada sería igual después para el peronismo, mostró al interior de la mecánica de alianza de clases que lo configuró el lugar subalterno de los sindicatos. 2.000.000 de trabajadores movilizados por éstos, esperanzados en imponer a “su” candidata, sabrían que no podrían acceder a que ocurra. El mensaje de la operatoria para hacer caer la candidatura de Eva fue doble. Hacia la conducción de la CGT para desactivar su intento de imponerle condiciones a Perón; hacia las masas trabajadoras y el pueblo pobre para hacerle saber que sus expectativas estarían mucho más mediadas de ahora en más. El bonapartismo sui generis iniciaría un giro a derecha, y Perón como buena voz burguesa eligió no darle un mayor protagonismo a los sindicatos, aun a sabiendas de que se debilitaba a mediano y largo plazo para negociar con las demás fracciones de las clases dominantes locales, y con el propio imperialismo norteamericano. Lo que algunos autores, como desde el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Eva Perón, van a considerar una “concesión” a sectores de las FFAA, no fue otra cosa que una decisión de clase. Luego vendrían otras, como la entrega, en su carácter de General del Ejército Argentino, a esta fuerza de las armas que Eva había comprado en Holanda para la CGT. Si había otra cosa que Perón tampoco iba a permitir era el armamento de los obreros. Luego, en septiembre de 1955 no responderá al golpe gorila, y desde el exilio ordenará “desensillar hasta que aclare”.

La pronta muerte de Eva, a menos de un año del renunciamiento, la transformó en ícono del peronismo. Su mito cumplirá entonces la misma función histórica que tuvo en vida, la de contener la radicalización política de los trabajadores dentro de un proyecto de conciliación de clases mediante el simbólico antioligarquismo que Eva expresaba. Con el Renunciamiento histórico se opera algo de lo que el mito luego desarrollará, el recubrimiento de las decisiones clave de clase del peronismo con la explicación de las presiones internas, experiencia inevitable al avance de la derecha, del imperialismo o de los golpes.

Durante los 70, en el marco de un ascenso revolucionario, la llamada ala revolucionaria del movimiento peronista hará de Eva una bandera. Nuevamente los sectores obreros del peronismo serán los perdedores, con el beneplácito del General a partir de hechos como la masacre de Ezeiza y la Triple A. Las presiones internas y el elegir el ala “equivocada” del movimiento, una vez más será la explicación que justifique a Perón. Esta vez en la visión de un peronismo de izquierda.

 

La izquierda diario 

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